sábado, 5 de febrero de 2011

Como un disparo,

penetró en mi corazón. El dolor de mi pecho se hacía insoportable, cada vez más, punzante, como si me atravesara. Sentía que se me quemaba el cuerpo, me derretía por dentro al verte.

Cada vez que pasabas por delante de mi, mis ojos te seguían como si tuvieran voluntad propia. Te sentabas junto a mi en el autobús y se me ocurrían millones de cosas que podría decirte si mi garganta no estuviera cerrada.

Pensé que un día serías feliz con alguien a quien quisieras. Mis ojos lloraron, mis adentros se quemaron. Mi corazón se detuvo, apretado, aprisionado por tu mirada.

"Te quiero" es lo que dijiste, y mi corazón latió alegre, las palabras salieron a borbotones de mi boca, que calló al unirse con la tuya en beso apasionado.

Hoy, bajo tus sábanas abrazados recordamos aquellos momentos lejanos y a la vez cercanos y sonreímos felices, y sólo dos palabras pronuncian nuestros labios al unísono,

"Te amo."