martes, 18 de enero de 2011

Carta abierta a la señora Gloria Lago, presidenta de Galicia BIlingüe.

Señora presidenta de Galicia Bilingüe:

Desde hace ya diecisiete años vengo estudiando en Galicia, trabajando para obtener unos conocimientos y nivel cultural dignos y, a poder ser, elevados. Desde niño, y hasta los veinte años que ahora tengo, he disfrutado de los derechos que me ofrecen en esta democracia que tiene más de una lengua oficial, donde pese a no tener la libertad de elegir en que lengua estudio, nunca me han adoctrinado y nunca he tenido ningún problema para hablar en el idioma que me ha apetecido.

En alguna ocasión, las personas de mi entorno me han sugerido que nos dirijamos a Galicia Bilingüe pidiendo respeto; siempre he respondido que no debemos hacerlo por dos motivos: porque nosotros no defendemos lenguas sino cultura, y porque nos parece que el posicionamiento de Galicia Bilingüe en una cuestión como esta, sometida a un gran debate social, estaría fuera de lugar. Sin embargo, estos días se está mascando un cierto aire de inquina, tras la información publicada por una agencia de noticias, de una carta suya dirigida a Don Jose Manuel Blecua, presidente de la RAE. A todos nos sorprendió mucho su actitud ante un hombre que ha llegado a presidente de la Real Academia, buscando un enfrentamiento en una cuestión tan delicada. Por eso me atrevo a escribirle.

Tal vez no comparta usted nuestras bases ideológicas: que en diferentes territorios se hablan diferentes lenguas, que la cultura tiene derechos, al igual que todo lo importante, que los niños van a la escuela a estudiar de todo, no sólo lo que les gusta a sus padres, que como mejor aprende un niño es aprendiendo todo lo que le será necesario en su vida, que la educación bilingüe debe ser obligatoria porque la motivación para aprender cada lengua no debe ser dada por un padre sino por la propia comunicación y, en suma, que las cosas estaban estupendas hasta hace dos años. Tal vez no los comparta y por ello no intentaré que cambie lo que usted opina, al parecer (o aparecer, según quién lo escriba), sobre los procesos de inmersión lingüística, pero sí intentaré apelar a su condición de profesora de lenguaje para pedirle que comprenda que hayan sorprendido, por ejemplo, sus reflexiones sobre la oficialidad de los topónimos, no porque en este país las topónimos vayan en la lengua del lugar donde se ubican, sino porque las palabras, también los topónimos, los hemos creado los hablantes de cada lengua y nadie tiene que meter las narices en cómo se llama cada cosa, principalmente porque una cosa se llama como se llama y si no es otra cosa no necesita cambiar ni de nombre ni de idioma.

Por eso no hemos creado en galego un topónimo para referirnos a cada lugar de Galicia y algunos más lejanos, pero no para nombrar cada lugar fuera de la misma porque de eso se encarga el idioma de dicho lugar. Los hablantes de todas las lenguas del mundo lo han hecho a lo largo de los siglos y ahora esos topónimos son un tesoro más de las lenguas, un tesoro que no debería ser hurtado a causa de los intereses de  nadie en ningún momento de la historia. Es curioso como no muestra usted ninguna sensibilidad al hablar de los topónimos gallegos como si fueran un escarnio de los españoles, y sin embargo habla de enamoramiento de la lengua.

En efecto, así es en muchos casos, pero debemos atribuirles también esa capacidad de amar a las personas que tienen el galego como su propia lengua en Galicia, así como los que tienen el catalán en Catalunya o el euskera en Euskadi. Son millones de personas, en Galicia más de la mitad de la población según muchos estudios, que quieren que sus hijos acaricien tanto el abedul como bidueiro, tanto la alondra como la lavarca, tanto la amapola como la papoula, todas ellas palabras bellas sin necesidad de recurrir a tan estúpido motivo como que empiezan igual que el amor y el ano, recordando siempre que todas ellas aparecen en libros de texto, por lo que cada niño las aprende en su totalidad. Esos padres saben que hay padres mucho más controladores en Galicia que sienten que el galego es idioma de imbéciles y sólo desean que sus hijos aprendan el castellano, pero dándoles exactamente igual, ofrecen a cada niño la posibilidad de aprender las dos lenguas que les han visto nacer y crecer. Tampoco les gusta a los padres que hablan con el idioma de la pluralidad en Galicia que ciertas asociaciones se empeñen en decir que el galego es un idioma impuesto cuando está cerca su desaparición, que les engañen continuamente empeñados en decir que los malvados nacionalistas les adoctrinan para que "galleguicen" sus nombres, o que continúen criticando a las personas que por libre voluntad deciden que su idioma predilecto es el galego y se convierten en neofalantes porque les gusta.

Usted, tristemente, mantiene que este resurgimiento del galleguismo está ligado a "sectores de grandes intereses económicos y grupos de poder", cuando lo realista es ver que, sencillamente, la gente que piensa que el galego forma parte de nuestra cultura y de nuestra vida tanto como el castellano ha decidido llevar a cabo sus ideas por la vía política. Eso es todo, señora Lago. Espero que mis reflexiones le hayan ayudado a ver un poco más claros sus muchos errores y le deseo un rápido abandono de su falso bilingüismo ahora que está a tiempo.

Atentamente,

Julián "Hellscream" Lago.

Vigo a 18 de Enero de 2011.

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